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Lo que la etiqueta esconde II. Las múltiples caras de la etiqueta.

25

ABR, 2018

En el post anterior exploramos cómo las etiquetas no describen la experiencia, sino que son una manera de hacer referencia a ella. Si no eres consciente de esto corres el riesgo de quedarte en un nivel superficial de comunicación que es poco operativo cuando tratas de cambiar las cosas.

Hay otros aspectos relacionados con las etiquetas que voy a describir porque pueden ser útiles no sólo para tener una comunicación mas atinada, sino también para ayudarnos a gestionar de manera más eficiente algunos de nuestros asuntos vitales.

Las etiquetas metafóricas desvían nuestra atención hacia realidades que no existen. Cuando pasamos por una experiencia y no conocemos de qué se trata, un atajo común es compararla con algo que ya conocemos.

Idealmente esto debería durar hasta que le encontrásemos un sentido nuevo a esa experiencia nueva, pero generalmente no lo hacemos porque ya tenemos un sentido para la experiencia, aunque sea metafórico y asumimos la metáfora como una descripción de la realidad, pero no lo es.

Ocurre esto cuando, por ejemplo, en tu relación se ha perdido la química o la atracción ha desaparecido, cuando hay presión en el trabajo o cuando tuviste un día duro y también cuando te dejas arrastrar por el magnetismo de un líder, aunque algunas de sus conductas te chirríen…

Son maneras de referirnos a la experiencia utilizando metáforas, pero somos tan creativos que, siendo consecuentes con el lenguaje, creamos realidades acordes a la metáfora. Sentimos la presión a nivel físico o la atracción como si fuesen reales.

La ventaja es que podemos comunicarnos, pero si queremos cambiar las cosas tenemos que trabajar sobre la realidad. No recuperarás la química con tu pareja añadiéndole “sal” …

Otro tipo de etiquetas que invitan a una mala comunicación son las etiquetas falsas. Se cuelan constantemente en nuestro día a día, especialmente las etiquetas relacionales. El ejemplo clásico es el de la silla cómoda:

no existen sillas cómodas o incomodas por si mismas. La comodidad es una cualidad que emerge de la relación de cada persona con la silla.

Puedes pensar que una silla determinada es cómoda y mil personas que se sienten en ella pueden opinar lo mismo, pero llegará una persona que opine que no lo es. Esto sólo es posible porque la comodidad no es una cualidad intrínseca de la silla…

Ocurre lo mismo con otras muchas cualidades, incluidas las personales. Ya escribí sobre ello en un post relacionado con las personas tóxicas.

Finalmente, las etiquetas “resumen” generan mucha confusión porque imponen una causa ficticia sobre determinadas cosas y dificulta mucho poder cambiarlas.

Si observas a tu hijo en el patio del colegio, solitario, cabizbajo, esquivando la mirada de otras personas… es posible que alguien concluya que tu hijo es tímido… puede que no lo sea, pero además si te preguntan por qué se comporta así, concluir que es por su timidez es un error mayor. Timidez solo es la palabra que resume su conducta…

Si una persona a una edad tiene ciertas dificultades para socializar, por ejemplo, puede encontrar en el tabaco un alivio a la incomodidad que siente en situaciones sociales. Si se habitúa a hacer esto de manera continuada le asignaremos la etiqueta resumen de fumador.

Esta es una etiqueta de identidad y por tanto definitiva. Cuando alguien pregunte por qué fuma esa persona la respuesta obvia será: “es fumador”. La comprensión de las verdaderas razones se ha dejado de lado y con ello las posibilidades de cambio decrecen notablemente.

Pasa con las adicciones y también con las clasificaciones sobre la personalidad. Si te refieres a una persona como celosa, tímida, mentirosa…

con esa palabra estás resumiendo sus conductas, pero no es su causa. Asumir que lo es restringe la posibilidad de cambio… algo que no ayuda en nada.

Tampoco ayuda pensar que definen de forma permanente a la persona. Un mentiroso, no miente a todas las horas del día, pero eso es otra historia…

Inspirado en metodología DBM® creada por John McWhirter.

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