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¡Sal del
laberinto!

22

MAR, 2017

Cuando todo parece estar diseñado para permanecer dentro del laberinto.

El mundo cambia e idealmente nuestra comprensión sobre él debería cambiar también. Sólo así podremos organizar conductas nuevas que nos permitan conseguir lo que queremos. De lo contrario te estás manteniendo en un laberinto.

La pregunta es sencilla: ¿quieres permanecer ahí o prefieres vivir el desafío y la aventura de salir del laberinto?

Forma parte de nuestra naturaleza dar sentido a la realidad, formarnos una comprensión del mundo en base a la cual poder hacer lo necesario para cubrir nuestras necesidades y alcanzar nuestros propósitos en la vida.

En los intentos iniciales de dotar a la psicología de una base experimental, se llevaron a cabo muchos ensayos con ratas.

En uno de ellos la rata era entrenada para correr por el laberinto y se la sometía a dos tipos de estímulos:

En un caso se le proporcionaba comida. Esto animaba a la rata a moverse más rápidamente por el laberinto en busca de su recompensa.

En otro se sometía a la rata a una descarga eléctrica. Esto inhibía su deseo de moverse y al cabo de varias descargas quedaba paralizada.

Las conclusiones de cara al aprendizaje parecían claras. Premiar al animalito estimulaba o reforzaba su conducta mientras que el castigo la detenía.

Afortunadamente hubo quien llevó este experimento más allá.

Cambió al animal de laberinto una vez que había aprendido a dejar de moverse. Sorprendentemente en el nuevo laberinto la rata se movía más rápidamente aún que cuando se enfrentó por primera vez a uno.

¿A qué se debía esto?. La respuesta tiene que ver con su capacidad exploratoria. Su movimiento dentro del laberinto forma parte de su necesidad de explorar el mundo para sobrevivir. Desde esta perspectiva la descarga eléctrica supone un castigo a la conducta de moverse. Pero a su vez supone un premio a la exploración. La rata está aprendiendo lo que no debe hacer y eso es un éxito desde el punto de vista del aprendizaje.

“El mundo cambia e idealmente nuestra comprensión sobre él debería cambiar también”.

Cuando somos niños, nuestra capacidad de explorar el mundo está intacta. Eso supone una gran ventaja para desarrollar una comprensión sobre el funcionamiento del mundo y de la vida.

A medida que vamos creciendo y especialmente cuando nos incorporamos al sistema educativo, diferentes estímulos actúan como castigo. Calificaciones, clasificaciones… van aplacando ese deseo de explorar. Metafóricamente nos animan a mantenernos dentro del mismo laberinto .

Contribuye también el hecho de que mucha de nuestra comprensión del mundo, forma parte de un marco cultural preestablecido. Comprensiones que heredamos sin ser muy conscientes de ello y que por tanto rara vez cuestionamos, al menos hasta que chocan con la realidad.

Nuestra idea de lo que es la familia, nuestro sentido de lo que son las relaciones, lo que se puede o no hacer a partir de una determinada edad, cómo funciona un equipo, la idea de liderazgo… son algunos ejemplos de ese conocimiento, que aunque no esté necesariamente determinado por la cultura en que nacemos, estará bastante influenciado por ella.

Esta base de conocimiento no necesariamente es real, ni útil, ni contribuye a nuestro desarrollo y sin embargo constituye la base de muchas de nuestras conductas encaminadas a cubrir nuestras necesidades.

“Afortunadamente determinadas personas, siguen desarrollando esta comprensión del mundo más allá del marco cultural imperante, más allá de la norma. Gracias a ellos el ser humano no ha parado de desarrollarse”.

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